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El que realiza Mirwald, con hormigón
armado, terminado en pátina símil mármol, bronce o pintado; suplantando a los
originalmente realizados en esos nobles materiales.
Este sistema brinda mayor durabilidad
estructural y reduce los costos referidos a materiales tradicionales, en hasta en un
75% menos.
La tradicional construcción de monumentos
requería bloques de mármol de adecuada medida y forma, que una vez
tallados se acoplaban a los ya emblocados hasta formar toda la composición
escultórica.
Esto redundaba luego en un tonelaje elevado, y
la base debía soportar la admisión de mayor compresión de descarga.
El desbaste era una penosa y lenta gestión,
temiéndose muchas veces la fractura del vítreo material, irreparable ante
una falla, que obligaba a recomenzar un un nuevo bloque la talla
respectiva.
Esto demandaba una gran cantidad de paciente
mano de obra calificada en un espacio de tiempo laboral diez o veinte
veces mayor que la necesaria para el hormigón.
Todo esto, más el corte (en cantera) y el
transporte del mármol (a obra) suman costos, a una obra que no puede
desafiar las leyes físicas de la gravedad, como por medio de ménsulas,
tensores y trabajando a la tracción, lo hace el hormigón; moviendo
importantes masas fuera de su estructura de sostén y descarga.
Esto, simple de realizar, con personal afín a
la albañilería, nos permite ejecutar monumentos volumétricos en un mínimo
tiempo... y a bajísimos costos.
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